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Llevo enamorado de la música desde siempre y no me había dado ni cuenta. Ya de muy pequeño bailaba y cantaba todo tipo de canciones y aquello me hacía sentir bien y feliz. Conforme fui creciendo mis gustos también se ampliaron y variaron, pero allí estaba la música, siempre de fondo, como la banda sonora de una película en constante grabación. Daba por sentado el valor de la música, la armonía de las melodías y sus efectos en mi persona. Daba muchas cosas por sentadas.
A mediados de febrero de 2020 decidí aprender a tocar la guitarra, sin tener ni una ligera noción de solfeo y únicamente habiendo tocado la flauta clásica en la escuela primaria, lo cual se me daba fatal y terminé odiando, junto con la maestra y aquello que enseñaba, tan ajeno a lo que sentía, tan frío y yermo. Es difícil expresar con palabras lo que la música significa para mí a día de hoy. Cinco meses tocando la guitarra, memorizando acordes y aprendiendo a leer tablaturas, con las yemas de los dedos llenas de durezas y pieles muertas, he descubierto lo crucial que resulta tocar ni que sean cinco minutos al día para mi salud mental. Aunque no pueda decir que sé tocar, ni mucho menos cantar, disfruto muchísimo haciéndolo. Alargando esas notas inalcanzables con mi voz poco agraciada, desafinando con un acento inglés exagerado y temblando con los ojos llorosos con ciertas canciones, siempre con esa arritmia crónica que me sobrevuela como un cuervo hambriento. Alguna vez hasta me invade un intenso y desconsolado llanto y necesito parar un momento, tomarme un descanso y recuperar el ritmo. A veces toco hasta que me duele la cabeza a mí o a los desafortunados que me escuchan. Sé que soy muy pesado, que no lo hago bien y molesto. Pero no lo siento. No lo siento en absoluto porque siempre he tenido aficiones silenciosas y crípticas, aficiones sencillas y humildes para no molestar nunca a nadie. Pero ahora quiero que se me escuche. Quiero que se escuche mi voz, torpe y poco profesional, y pueda transmitir algo de lo que siento.
La poesía y la música son hermanas gemelas y eso es algo que desconocía por completo. No era consciente de que ciertas canciones son poemas con cuatro acordes y una voz angelical o incluso historias completas, con un nudo y, normalmente, un desenlace. Sabía que los poemas, al igual que ciertas historias, tenían un ritmo, una melodiosidad y, en definitiva, una fragancia única y original, pero nunca pensé que pudiesen derivar en sonatas enteras. Un día probé de ponerle melodía a un poema que escribí mientras estaba en otra ciudad, sentado en un banco frente a una costa desconocida, con un campo de golf a mis espaldas. Algún día voy a grabarme y subirlo. Mientras tanto, he seguido haciendo otra de las cosas que me encanta: dibujar. Poner en imágenes lo que ha significado aprender a tocar la guitarra y el instrumento como tal. La panacea que ha resultado ser la música durante estos días de cuarentena y aislamiento, donde casi todo eran silencios estériles y malas noticias. La música me tranquiliza. La música me hace sentir cosas. La música me inspira y me hace feliz. Sé que no sé nada y que me queda mucho, y que es injusto proclamar algo así como mío cuando hay profesionales y personas que han dedicado sus vidas enteras a la música, estudiándola y comprendiéndola, pero es como me siento. Y quiero aprender. Quiero seguir aprendiendo y mejorando. Y quién sabe, ¿verdad? La cuestión es abrirse caminos, probar y fallar, volver a probar, volver a fallar. Reinventarse, mejorar, aprender, incluso cuando el tiempo es limitado. Y la música, pese a ser algo incorpóreo e intangible, expresa todo eso y mucho más. Por eso mismo, porque el tiempo es finito, más vale invertirlo en aquello que nos hace bien.
Si algún día pudiese grabar un álbum, me encantaría que esta fuese la portada y que en su interior se hallasen mis propias canciones, grabadas aquí, en casa, con las melodías de los pájaros que cantan en el jardín trasero, de las abejas que polinizan nuestro jazmín, los grillos que acompañan mis noches de verano con la ventana abierta de par en par, de fondo, acompañando mi voz, una voz poco harmoniosa, pero una voz verdadera y honesta. Lo más honesta que puede ser la voz de alguien que intenta ser un poeta y que necesita contar su(s) historia(s).
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Swallow, dir. Carlo Mirabella-Davis (2019)
Starring Haley Bennett as Hunter, a fresh housewife who develops a weird disorder when she and her husband move to the house her incredibly rich father in law bought. Just stream it anywhere! It’s a masterpiece and Bennett delivers an astonishing performance. And its cinematography is mesmerizing. Honestly, a gem.
Full quality picture here!
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no friends until it’s their birthday
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Blue Whale digital watercolor
This was my first watercolor paiting on Photoshop and I have to say that it’s a little bit difficult and unconventional that traditional watercolor. It takes hours to get the brush to do what you want it to do, which is randomly beautiful when you do it on a traditional medium.

